El 2 de octubre de 1968, los miembros del Batallón Olimpia se infiltraron - vestidos de civiles pero con un pañuelo blanco en la mano que los identificaba - en una manifestación pacífica, para llegar hasta el edificio Chihuahua, ubicado en la plaza de las Tres Culturas donde se encontraban los líderes del movimiento estudiantil y varios reporteros para dirigir el mitin acordado.
De repente, pasa un helicóptero sobrevolando el lugar, lanzan bengalas y comienza el tiroteo en contra de los civiles que se habían juntado en la plaza, se reportaron muertos, heridos y detenidos.
El 15 de septiembre del año en curso; pareció que el repique de la campana en el zócalo de la ciudad de Morelia, en el estado de Michoacán, fue la señal para que de manera deliberada se hayan lanzado dos proyectiles, presumiblemente granadas, en contra de los civiles que se encontraban festejando la independencia de su país. Los que debieron de haber sido gritos de júbilo y festejo se convirtieron en alaridos de dolor y desesperación. Se reportaron 8 muertos y varios heridos.
Hace cuarenta años, el país se teñía de rojo debido a la matanza de estudiantes en Tlatelolco. Ha pasado el tiempo, y la sociedad sigue leyendo en los encabezados de los diarios y viendo notas en la televisión acerca asesinatos, matanzas, secuestros y ejecuciones; sean o no las mismas razones por las que se han efectuado estos actos, parece que no ha pasado el tiempo en México.
Si comparamos, en 1968 fueron reportados apenas 33 muertos; ampliándose el número a más de cuarenta hasta la fecha. Sin embargo, existen reportes de la prensa extranjera y los servicios de inteligencia de otros países, como Estados Unidos, de que perdieron la vida entre 150 y 200 personas ese día.
En estas últimas semanas, se han perpetrado masacres – y sólo así se pueden definir debido al número de bajas que se han suscitado – en las que han perdido la vida 12 personas en Yucatán por decapitación, 24 ejecutados en el estado de México, 8 muertos y varias decenas de heridos en Morelia, y al menos veinte homicidios en Tijuana en menos de 48 horas. No se necesita ser un experto matemático para calcular que en menos de dos meses, se superó la cifra oficial de personas fallecidas el 2 de octubre de 1968.
Claro, la situación es muy diferente; las personas que perdieron la vida en aquella manifestación pacífica del movimiento estudiantil iban a levantar la voz para que se escucharan sus demandas ya expuestas en un pliego petitorio y ahora se habla de personas que han víctimas del grave problema de narcotráfico que azota a nuestro territorio, además de la ola de secuestros que reporta una alza en últimos años.
Había un México violento hace cuarenta años y seguimos viviendo en un país en el mismo estado anímico. La diferencia de épocas no ha menguado a los fantasmas que persiguen a la sociedad civil con una ola de violencia tal que ya no se sabe para dónde voltear, ya que si en la plaza de las Tres Culturas se veía un panorama cercado completamente por la policía y el ejército, ahora el gobierno ha tomado una resolución similar ante los problemas que se suscitan, militarizar y cercar las zonas consideradas de peligro para, en todo caso, tratar de atenuar la situación.
¿Será acaso que en lugar de avanzar como país y sociedad hemos regresado a métodos tan duros como un estado de violencia represiva como en aquellos tiempos de Díaz Ordaz donde los más simples derechos, como el de la vida, han sido suprimidos?
Si en 1968, a raíz de esta brutal represión, se cortaron de tajo todos los movimientos que pedían cosas tan simples como la libertad de ser joven (lo que engloba situaciones como libertad de expresión, derecho a la educación y demás factores); ahora lo que pasa es que si bien la sociedad civil pide a gritos su libertad, lo que se hace es invalidar sus derechos, empezando con el principal que es el de la vida, sumiéndolos en una fase de pánico común y la cancelación a los derechos de información, ya que si alguien se atreve a denunciar lo que ve o ha sido testigo, es suprimido para “evitar” más conflictos.
Pero se ve una diferencia, brutal, en cuanto al Estado. Díaz Ordaz tenía un gobierno cohesionado y sin contrapesos, donde él se levantaba como la principal figura, subordinando a los demás poderes. Ahora, Calderón está inmerso en un gobierno débil, con diversos enemigos y retractores que lo único que hacen es disminuir su ya de por sí deteriorada posición; poniéndolo en el centro del huracán, en dónde si bien él se encuentra relativamente en calma en el centro, a su alrededor se forma un remolino destructor en el que no se denota un final cercano y que es impulsado por los que realmente tienen unión entre ellos; los cárteles del narcotráfico y las células de delincuencia.
Parece que México sigue siendo el país sin memoria y el de la frase “no pasa nada”, porque a pesar de estar envueltos en tiempos violentos, que no sólo van desde el riesgo físico, sino que se extienden hasta los ámbitos económicos y psicológicos; las respuestas siguen siendo las mismas y como ejemplo, ahí esta el Secretario de Economía, Gerardo Ruíz Mateos, quien considera que el tomar medidas preventivas en el país, ante la crisis económica estadounidense, es un acto ocioso porque precisamente “aquí no pasa nada”.
Entonces, estas reacciones hacen se cuestione si los encargados de velar por la seguridad pública y resolver los crímenes perpetrados a la sociedad dicen lo mismo: “no pasa nada, total, alguien más vendrá y lo solucionará, o en su defecto, se les va a olvidar”.
Como país, nos siguen persiguiendo los mismos espectros: la violencia, inseguridad y pobreza. En el 68 todo se olvido momentáneamente por las Olimpiadas, las cuales irónicamente, rezaban por una convivencia pacífica teniendo aún la sombra de la matanza de los estudiantes.
Colofón:
Para el cierre del 2008, se esperaba un crecimiento en el producto interno bruto de aproximadamente 3%, según la Secretaría de Hacienda; para Ruíz Mateos, parece, el crecimiento será el mismo. Alguien tendría en todo caso que avisarle al secretario lo que sucede en el ámbito internacional y las perspectivas que se tienen para el país, porque definitivamente no se puede tapar al sol con un dedo.
Ante la incompetencia del gobierno calderonista, hay que buscar nuevas soluciones y tienen que ser de raíz, entendamos al pobre mandatario porque no tiene Olimpiadas que socaven lo que sucede en su territorio, y que Diosito lo agarre confesado porque entre crisis de inseguridad y crisis económica, parece ser que lo único que necesita es que su sexenio llegue a su fin para que pueda dormir en paz.
* Columna para recopilación del 2 de octubre (2008)
miércoles, 26 de agosto de 2009
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